Una realidad surrealista
Esperando el cambio por el bien de la humanidad, no ha llegado, sino por el contrario, ha empeorado. Por alguna razón nos hemos vuelto agresivos, intolerantes e impacientes. Hasta para leer un párrafo, un aviso, la letra pequeña en la etiqueta de un producto. Estamos desconetados de la paciencia. Nos hemos vuleto de un pensamiento muy selectivo, especializado en un área. Las pantallas nos han traído un exceso de dopamina, a la que somos adictos como drogas. Nos la dejan de dar y nos se sentimos mal, al paso de unas horas. No podemos estar sin platicar nos los hijos. Nos pesan, nos pesa la gente ajena a nuestro hogar o al entorno familiar y ajena al lugar de trabajo. Parecemos enemigos unos de otros. Es un campo de batalla emocional. Se describe bien como dicen los creyentes en Jesucristo: Es una batalla espiritual. Niños desvelado, mal alimentados porque su principal fuente calórica es lo artificial y dulce. Ahora desprecian hasta la frut...