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Mostrando entradas de julio, 2008

Años después...

En pleno verano, el calor surcaba el ambiente de la ciudad, una de las más calientes del país. Durante la canícula, la temperatura llegaba hasta los cincuenta grados Celsius o más; el abrasante sol tostaba las hojas de los yucatecos que, secas, caían al suelo; las tardes se volvían sonajeras, porque el viento las mecía arrulladoramente de un lado a otro, en un vaivén lento y perezoso, hasta dejarlas varadas en algún rincón. Marejadas de hojas secas por las calles eran comunes cada estío... Irónicamente, ese año caía un diluvio desde hacía más de diez días