Guerra y medicina: de la mano

Cuando vestí aquel traje especial, más parecido a una armadura, recobré la vida y la esperanza
. Estuve tantos, tantos años sin caminar, dependiendo de la gente a mi alrededor, hasta para ir al baño, esa etapa de mi vida solo la puedo describir con la tristeza. En este tiempo la depresión se apoderó de mí, deseaba la muerte... pero a la vez no. Algo dentro de mí, una luz pequeña, algo muy sencillo, como el humo que exhala un fumador que el más ínfimo aire se lleva; algo así prevaleció en mí y me imploró que aprendiera a vivir con la paraplejía que me ataba primero a la cama y luego a una silla de ruedas. Sin embargo, para estos tiempos la ciencia y la tecnología han avanzado mucho y me tocó vivirlos y estoy feliz.
Todo fue a causa de un accidente, en el no tuve la culpa, solo fui una víctima mas; al menos no morí, hoy así lo veo. Quince años he tenido que esperar para este día y al fin el momento ha llegado. Aquí me encuentro sentado, en el hospital de la universidad. Con ayuda de los fondos federales y por ende de los contribuyentes me pondrán a caminar nuevamente, por lo mismo no he dejado de agradecer con una enorme sonrisa a cada persona que se atraviesa en mi camino, aunque me piensen que estoy loco, solo en el hospital de la universidad y mis familiares comprenden mi euforia. La situación es la siguiente: tengo dos años que me implantaron un tipo de células madre, modificadas en algo, esas células han hecho un nodo en la parte medular separada desde el accidente --a nivel de la sexta vértebra cervical. Han unido sus dendritas con los restos de los axones, reconstruidos previamente para tener entrada y salida de los neurotransmisores y así comunicarse con las neuronas sinodales. No ha sido fácil tan sencillo, tengo que informarlos; cada día durante estos dos años han debido de inyectarme neurotransimores en el sitio para despertar aquellas uniones celulares y promocionar un sano desarrollo. Al inicio fue fácil, pero al cabo de unos meses el dolor por la inflamación en la zona era insoportable, pues eso de estar pinchando diariamente el mismo sitio y a lo largo de la médula termina por producir una neuritis, que debido a mi condición no había molestia en ninguna parte del cuerpo, pero si en el cuello y la cabeza. Era una cefalea muy fuerte, tal vez migrañosa, pero no podía hacer nada al respecto. No me podían meter las sustancias con una pastilla o por sangre ya que la barrera hematoencefálica no permitía el acceso de las mismas de una manera adecuada. Estuve a punto de "aventar la toalla", cuando un día me despertó un ligero dolor en la espalda, a nivel de la cuarta vértebra dorsal (torácica); le informe al Doctor Chávez, mi médico y éste respondió con una sonrisa, al fin comenzaba a sentir nuevamente, un poco, pero lo que sea aunque poco, es bueno. Más adelante un cosquilleo comenzó en la punta del dedo meñique de mi mano derecha... aquella primera sensación nunca la olvidaré; lágrimas de esperanza humedecieron mis mejillas. Al fin era libre de mi status quo. Que ironía, pensé de pronto, alguna vez use un exoesqueleto, durante la gran Gran Guerra Civil: el norte contra el sur; la diferencia es que en aquella ocasión la utilice para aumentar mi fuerza y velocidad, asimismo para que mis reflejos fuesen más agudos. Que horrible fue... Mi conciencia no encuentra sosiego a pesar que nunca maté a nadie... Sin embargo herí a muchos hombres y mujeres, las ordenes eran herirlos de tal manera que quedaran inmovilizados, que no pudieran desplazarse a ningún lado y eso se conseguía destruyendo sus extremidades, para posteriormente capturarlos y aplicar la horrible, pero efectiva, ley tomoplexía, para los "traidores a la patria", que consistía básicamente en cercenarles la médula espinal a la altura del cuello... quedaban el resto de sus vida inmóviles. Muchos prisioneros querían morir, pero su castigo consistía en eso, precisamente, en no moverse jamás. Finalmente la ley fue eliminada porque era muy elevado el costo para el Estado y eran demasiado cruenta, en lo personal, la manera en que vivían aquellos a quienes se les aplicó la ley en su momento, sin embargo, gracias a eso --después de cinco millones de cuadrapléjicos--muchos depusieron las armas por miedo a quedar inmóviles de por vida... Que coincidencia la mía... ¿karma...? No lo sé, supongo que pagué en vida el daño a esa gente, aunque solo obedecí ordenes. Después de eso, estos últimos años estuvieron llenos de tristeza, pero hoy terminaron, al menos en parte, he recuperado mi movimiento en un 95% y hoy me pondrán el exoesqueleto nuevamente, pues los sureños se han alzado nuevamente y debo de ir allá cerca de la frontera donde se está librando la gran batalla...
La difrencia es grande, han pasado más de quince años y tengo más experiencia, mi manera de pensar ha cambiado... Esta vez no seré cruento como antes, no más hombres o mujeres cuadrapléjicos, no seré participe de esa terrible situación... no permitiré para nada que vivan el mismo sufrimiento que yo...

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