El Siguiente Siglo

Muchos creyeron que al llegar el siglo 21 la suerte cambiaría y el destino de la humanidad
sería salvo. Pensaron que por lo avanzado de la ciencia y la civilización en general, el siglo 21, sería una escalada en empinada a la unión de la especie humana, los cien años donde se alcanzaría la paz durarera y posiblemente el mundo funcionaria realmente como uno solo, como una sola colonia donde todos sus integrantes hacen algo productivo en bien de todos. Autos voladores, armas que disparan rayos laser, el hombre en Marte, una colonia en la Luna. Contacto extraterrestre. Adios crisis económicas y altos porcentajes de criminalidad. Sin embargo no ocurrio así, tampoco fue el acabose, ni el fin del mundo llegó, ni siquiera un asteroide chocó con la Tierra --aunque muchos pasaron cerca de la orbita del planeta--. El juego de "las guerras" continuó, el deterioro ambiental también, mismo que se pensaba debido a su exponencial aumento desde el siglo 20, terminaría con la raza humana. Mas no fue así. En el siglo 22, a la mitad aproximadamente, la humanidad se volcó en un proambientalismo descomunal, que si bien no alivió la enorme destrucción de ecosistemas que los padres de aquellos individuos hicieron, sí comenzó una mejora, que de momento no sería notable, sino hasta la mitad del siglo 23. Para el hombre, 100 años ya no eran tantos, sino solo uno: un siglo. Para la humanidad en sí, no era nada, solo 1000 años, ya sonaban a algo, pero en las conciencias humanas, el tiempo, iba dejando de existir. Mi abuelo me contó que cuando su tatatarabuelo era jóven, por allá en el año 2095, las clases altas tenían mesas de comedor con sillas que flotaban --en aquel entonces eran pocos los que podían acceder a aquella tecnología de última generación--, y que le gustaba sentarse a escribir en ellas. En ese entonces, el era joven, tenía 29 años de edad y aún lo dominaban grandes sueños. Con el primer dinero que ganó en una investigación que realizó acerca de la regeneración de miembros amputados y "La Inmortalidad gracias al Cáncer", decidió comprarse el ostentoso artículo con el argumento de que sería más fácil barrer y trapear el piso (algo que ni siquiera hacia él mismo), pero era un adicto de la tecnología. Cualquier situación que le hiciera menos complicada la vida, a su modo de ver las cosas, era un requerimiento, una necesidad para el y para el hogar. Cuentan que llenaba de gracias y adjetivos bueno a aquello que al señor le llamara la atención. A todos los miembros de su familia los atiborraba con la gran novedad que significaba tener aquello, la enorme utilidad y ventajas y la excelencia de susodicho producto. Parecía un vendedor, pero tan bueno que los hijos y esposa terminaban comprandole aquello de lo que tanto hablaba y con tanto empeño. Cuando al fin tuvo su comedor con sillas flotantes, no paró ahí: sería el comienzo de una compra impulsiva para cambiar todo aquello que sirviera para sentarse y que entre el suelo y la sentadera tuviera patas en vez de... aire. La primer semana trabajaba en el comedor, hablaba maravillas de las sillas, y lo cómodo que se volvía estar reposando en ellas. Se sentaba, se deslizaba impulsándose con los pies ya fuera para tomar un pluma sobre la mesita de la sala, una taza de café en la repisa de la cocina o simplemente jugar al vaiven para sentir la sensación tan limpia de aquel deslizamiento, que lo hacía sentir como Superman. Al siguiente mes compró una silla de escritorio, con el mismo sistema de flotación o antigravitacional. Su esposa vio aquello como un simple gesto infantil. Pero eso no se detuvo hasta que en la navidad de ese año, el bolsillo casi se acaba, por los caprichos de mi tatatatarabuelo. Mi tatatatatarabuela le puso aun alto al reclamarle el gasto enorme que hacía en esos artículos innecesarios. Ahí terminaron las compras de las sillas. Para entonces solo quedaba dos sillas del patio que no se habían cambiado y que aún eran de las que tenían patas. Cinco años después mi tatatatatarabuelo desayunaba en la mesa del comedor sentado en una de las sillas de patio... ... Nadie me supo decir si fue la crisis económica o la mala calidad.

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